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¿Marty Supreme es una película sobre un jugador de tenis de mesa?

Marty Supreme es una película extraña, inquieta y absorbente, de esas que avanzan como un impulso desordenado y, sin embargo, consiguen mantener una poderosa unidad interior. Buena parte de esa fuerza se debe a la actuación de Timothée Chalamet, que entrega aquí, probablemente, una de las interpretaciones más complejas y logradas de su carrera. Su Marty es encantador y miserable, ambicioso y frágil, astuto y profundamente desorientado. Nunca termina de dejarse atrapar por una sola definición, y ese es precisamente uno de los mayores aciertos de la película. La historia presenta a un jugador de tenis de mesa que, al mismo tiempo, vende zapatos y busca desesperadamente una forma de ganarse la vida y de encontrar un lugar en el mundo. Desde ahí, la película construye un universo de paradojas: personajes que parecen no coincidir consigo mismos, vidas que se sostienen en la impostura, aspiraciones que se mezclan con la supervivencia. Incluso los personajes secundarios participan de esa ló...

Las sombras del pasado: una reflexión sobre Sentimental Value

Hay películas que cuentan una historia y otras que, además de contarla, nos invitan a pensar en la vida misma. Sentimental Value pertenece claramente a esta segunda categoría. Con un guion notablemente completo y una dirección delicada, la película logra abordar una amplia gama de problemáticas contemporáneas —familiares, psicológicas y espirituales— sin perder nunca la sutileza narrativa que la caracteriza. En el centro del relato se encuentra la relación entre Nora y su padre, Gustav. Lo que parece inicialmente un conflicto más dentro de una historia familiar se revela poco a poco como una herida mucho más profunda: el trauma de la desaparición afectiva del padre durante la infancia. Nora crece marcada por ese abandono, y su vida adulta está atravesada por una mezcla de ira, fragilidad emocional y dificultad para establecer vínculos duraderos. Gustav, por su parte, regresa a ese pasado a través del arte: quiere hacer una película sobre su madre, Karin, cuyo suicidio marcó su infanc...

La música como herida y como salvación: una reflexión a propósito de Better Man

He visto recientemente Better Man , la película sobre la vida de Robbie Williams, y más que un biopic musical, me pareció una profunda reflexión sobre la herida, la identidad y la redención. No es simplemente la historia de un cantante famoso; es el retrato de un hombre que lucha por sentirse suficiente. Y, sobre todo, es una historia sobre cómo la música puede convertirse en salvación. Uno de los recursos más llamativos del film es representar a Robbie como un mono. No es un gesto extravagante ni una excentricidad estética: es una confesión visual. Así se percibe él mismo. Inferior. Impostor. Un artista que actúa para ser querido. Esa imagen resume el núcleo de la película: el éxito exterior puede convivir con una profunda fractura interior. La historia gira en gran medida en torno a la figura del padre. La búsqueda de aprobación, el deseo de ser visto, la necesidad de escuchar un “estoy orgulloso de ti”. Robbie supera al padre en talento, pero nunca deja de necesitar su reconocimie...

Compromiso, poder y maduración en Se acabó el recreo de Darío Ferrari

La novela Se acabó el recreo de Darío Ferrari puede leerse, en una primera aproximación, como una sátira del mundo universitario contemporáneo. Sin embargo, una lectura más atenta revela que su ambición es mayor: se trata de una reflexión sobre el compromiso, la transmisión del poder y el paso —no siempre lineal— a la adultez moral. El título ya orienta la interpretación. “Se acabó el recreo” no alude simplemente al fin de una etapa juvenil, sino a la clausura de una forma de habitar el mundo caracterizada por la suspensión de decisiones, la ironía permanente y la postergación del compromiso. La novela sitúa en el centro a un protagonista que prolonga su condición estudiantil más allá de lo razonable, encarnando una forma de adolescencia extendida propia de ciertos entornos culturales contemporáneos. La universidad, lejos de ser solo espacio de formación, aparece como un territorio donde esa prolongación puede institucionalizarse. Ferrari ofrece una radiografía aguda de la vida académ...

Mirar sin convencer: una lectura de Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa

Los domingos es una película que se resiste activamente a una de las tentaciones más comunes del cine contemporáneo: la de explicar, justificar o conducir al espectador hacia una conclusión clara. No busca convencer de nada. Busca, más bien, obligar a mirar. Y en ese gesto hay una apuesta ética y estética muy poco frecuente. Desde el punto de vista cinematográfico, la película construye su sentido a partir de una puesta en escena contenida: planos sobrios, ritmo pausado, silencios prolongados y una música que acompaña sin subrayar. La música —con presencia coral extensa— no funciona como ornamento ni como manipulación emocional, sino como una suerte de respiración colectiva que sostiene el tono contemplativo del film sin robarse el protagonismo. Nada grita, nada se impone. Todo permanece. En ese marco, las actuaciones adquieren un peso desigual pero muy significativo. La tía emerge como el personaje dramáticamente más potente: activa, verbal, incisiva, incluso violenta. Desde su ateís...

Educar personas sin miedo: radicalismos, libertad y pensamiento crítico en la era de la IA

Vivimos en un mundo profundamente polarizado. Las categorías se han vuelto identidades cerradas: derecha o izquierda, creyente o ateo, conservador o liberal, tradicionalista o progresista. Incluso el deporte sirve como frontera. Lo preocupante no es la existencia de diferencias, sino que estas diferencias estén rompiendo vínculos esenciales: familias, amistades, comunidades educativas. Detrás de muchos radicalismos contemporáneos no hay convicciones profundas, sino miedos no reconocidos. El miedo a no entender un mundo que cambia demasiado rápido. El miedo a perder seguridad, identidad o valor personal. Cuando ese miedo no se mira de frente, se transforma en rigidez, agresividad y rechazo del otro. El radicalizado no busca la verdad: busca defenderse. Como ocurre con los celos, el problema no es el otro, sino la inseguridad interior. Se aparenta fortaleza, pero en realidad se revela una profunda fragilidad. Al no haber argumentos sólidos, se recurre a la violencia verbal, al despreci...

Volver a casa: amar sin GPS. El gran viaje de tu vida de Kogonada.

Hay películas que uno termina y, sin darse cuenta, le cambian el clima interior. No por un giro espectacular ni por una frase “para enmarcar”, sino porque tocan una fibra que ya estaba tensa: esa pregunta antigua y nueva que siempre vuelve, aunque uno la evite con ocupaciones, planes, pantallas o ruido: ¿qué es el amor? El gran viaje de tu vida de Kogonada —con su recurso del viaje, del carro, del GPS y de las puertas— no responde con teoría. Responde con una experiencia: la de verse obligado a recorrer la propia vida como si fuese un mapa lleno de desvíos, heridas, decisiones pequeñas que se volvieron destino. Y en esa experiencia, el amor aparece menos como “sentimiento” y más como “conocimiento”: conocer a alguien no es recitar su biografía, sino reconocer los momentos que lo han hecho quien es. Por eso pesa tanto esa tensión: “No me conoces”, dice ella. Y él, en vez de defenderse con generalidades románticas, empieza a nombrar escenas, instantes, detalles que han sido relevantes...