Un poeta: la redención imperfecta de un maestro.

Un poeta, de Simón Mesa Soto, es mucho más que la historia de un poeta fracasado. Es una película sobre la posibilidad de redención en medio de vidas rotas.

Óscar Restrepo aparece como un hombre derrotado: alcohólico, vanidoso, herido por la falta de reconocimiento y con una relación fracturada con su hija. Sin embargo, cuando empieza a dar clases en un colegio, algo cambia. No porque deje de ser Óscar —sigue siendo torpe, ambiguo, excesivo—, sino porque por primera vez su vida empieza a girar alrededor de alguien más. En Yurlady, una joven con talento para la poesía, encuentra un proyecto. Y ese proyecto no solo busca redimirla a ella, sino también redimirlo a él.

Ahí aparece una de las figuras más poderosas de la película: Óscar como maestro. Enseñar lo obliga a salir de sí mismo. La poesía deja de ser una forma de alimentar su ego y se convierte en una posibilidad de cuidado. En una sociedad fragmentada, violenta, marcada por familias rotas, embarazos adolescentes, abandono y precariedad, la poesía aparece como un oasis: un oxígeno, una salida, una forma de decir “yo existo” cuando todo parece empujar al silencio.

Yurlady y la hija de Óscar comparten una herida: ambas han sido abandonadas por sus padres. Esa semejanza hace más compleja la relación entre Óscar y su alumna. Él logra ilusionarse profundamente con el futuro de Yurlady, pero debe aprender a mirar también a su propia hija, ante quien tiene una deuda pendiente.

La madre de Óscar tampoco es secundaria. Ella representa el amor más auténtico de la película: un amor materno, fiel, cotidiano, que sostiene a un hijo que nunca terminó de crecer. Su muerte parece cerrar una etapa: termina el tiempo de Óscar como hijo protegido y comienza, quizá, el tiempo de Óscar como padre.

Hay recursos simbólicos muy bellos. La ducha aparece como gesto de limpieza: Óscar intentando lavar su dolor, su culpa, sus pecados. Pero el agua no basta. La verdadera purificación exige responsabilidad. También está el cuaderno en blanco de la hija, imagen de una relación no escrita. Cuando Yurlady escribe allí su declaración para limpiar el nombre de Óscar y se lo lleva a la hija, la palabra se vuelve reparación.

Con actores naturales, una actuación extraordinaria de Óscar y una imagen de textura vintage, con bordes quemados, Un poeta muestra que la belleza puede sobrevivir en los márgenes. Y que, a veces, enseñar, escribir y cuidar son formas imperfectas —pero reales— de empezar de nuevo.

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