Mercy: la justicia sin rostro

 Mercy no es una película perfecta, pero sí una obra más interesante de lo que su recepción crítica podría sugerir. Su mayor virtud no está necesariamente en la originalidad de su premisa —un acusado obligado a probar su inocencia ante una inteligencia artificial—, sino en la manera en que sostiene la tensión a partir de un dispositivo dramático muy limitado.

La película funciona casi como una pieza de cámara. En su núcleo hay apenas dos presencias: el personaje de Chris Pratt, inmovilizado en una suerte de silla eléctrica, y la figura fría, estática y judicial de Rebecca Ferguson, convertida en agente de una IA. Ambos están, de algún modo, restringidos: él no puede moverse; ella no puede humanizarse del todo. Esa rigidez, lejos de empobrecer la narración, le da fuerza. La acción no depende del movimiento físico, sino del diálogo, la presión, la información dosificada y la angustia de un reloj que corre en contra del protagonista.

Aunque la película recurre a otros escenarios y personajes, su esencia permanece en ese enfrentamiento central: un hombre vulnerable frente a un sistema que se presenta como objetivo, eficiente e infalible. En ese sentido, Mercy recuerda por momentos a un episodio extendido de Black Mirror: una tecnología creada para superar los errores humanos acaba revelando nuevas formas de injusticia.

Lo más valioso de la película es su planteamiento moral. La IA no solo juzga hechos; administra conceptos profundamente humanos como verdad, culpa, presunción de inocencia, duda razonable y misericordia. La supuesta objetividad técnica aparece entonces como una amenaza: un sistema puede ser imparcial en apariencia y, sin embargo, profundamente injusto si no reconoce su propia capacidad de error.

Mercy quizá no lleva todas sus ideas hasta sus últimas consecuencias, pero sí consigue algo difícil: construir un thriller tenso, visualmente contenido y moralmente provocador. No es una obra maestra, pero sí un buen producto de ciencia ficción judicial, más meritorio de lo que indica una simple calificación numérica.

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